domingo, 28 de octubre de 2007

Se busca una sonrisa

Los tropiezos, el fantasma de lo que Aliza llama mala suerte, los faros de los autos que parecen reirse de ella después de haberla mojado en un charco, los choques y las noticias inesperadas, hicieron que hoy, Aliza, modificara su sonrisa de caramelo por una expresión vacía y tan perdída en el espacio cual gato persiguiendo bolitas de pelusa en el aire.

Cansada ya, de tantos accidentes, volvió a casa y se recluyó por un par de horas, pensaba, reflexionaba, dormitaba, se compadecía de sí misma, hasta que se le ocurrió recuperar su sonrisa, lo primero que vino a su mente fue, encender la tele y poner un programa cómico. No lo pudo hacer pues había olvidado que mientras se alaciaba el cabello provocó un corto circuito y no tenía luz.

Aún más desanimada que al principio salió a la calle, comenzó a caminar por las avenidas, se topaba con gente que la esquivaba por la prisa que tenían, otros le gritaban para moverse y otros sólo la ignoraban, siguió dando pequeños pasos hasta que se halló sobre un tapiz verde esmeralda-estaba en un parque-, a lo lejos miró una pequeña resbaladilla azul y una niña que jugaba solitaria en ella.

Se sentó entonces en una banca cerca de aquella resbaladilla, observó un rato más al resto de los niños, de repente la niña de la resbaladilla se sentó junto a ella, después de unos minutos la niña pregunto si había alguien ahí. Aliza sorpendida contestó que sí, la niña dijo que su nombre era Brenda-mientras parecía mirar a la deriva observada por Aliza- y le dijo que tan sólo veía con sus manos, pues de pequeña había perdido todo en un accidente, sólo le quedaba una tía que la cuidaba siempre.

Comenzó acercarse una señora, tomó a Brenda de la mano, se despidieron, caminaron unos metros, Aliza se puso de pie, Brenda volteó y sonrió en dirección a ella. Desconcertada por todo lo que había pasado, compró un pedacito de nube azul, corto un poco, lo introdujo en sus labios, la nubecita se deshacia mientras una explosión de éxtasis y alegría la invadía, tuvo ganas de correr, en su camino encontró a muchas personas que le sonreían y no comprendía el motivo.

Al pasar por el espejo de su recámara, vió su reflejo su gran sonrisa había vuelto, salió de nuevo a la calle y le sonrió a cada persona que se encontró, tal vez no todos le respodieron recíprocamente pero ella es feliz ahora.

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