martes, 22 de enero de 2008

Hoy mientras volaba, el viento me susurraba y me mojaba con agua salada, no eran más que lágrimas de un corazón enrojecido por el dolor y la traición. Ese líquido era aún más salado porque te pertenecía. De vez en cuando tenemos a aquellos malhechores más cerca de lo que imaginamos, en ocasiones los consideramos amigos o hasta parte de la familia.
Cuando estamos en esta situación cual de las razones es la que más me hiere, desconozco si sea el que llores, el que haya sido alguien tan cercano, si es coraje, si es la ausencia de confianza o darse cuenta de que habrá de elegirse un camino del cual no hay regreso.
Ta l vez lo que sentimos sea unicamente miedo a tomar una mala decisión, o bien a aceptar que alguien amado nos ha fallado. La cuestión es saber porque lo hacen y escucharlas para saber que los llevo a ello. Es probable que no haya actuado con fines mal intencionados y todo se le haya salido de las manos.
Mientras tanto eviten prejuzgar a ese ser y esperen a escucharlo.


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